Querida comunidad en Cristo.
Hoy recordamos y celebramos un evento trascendental en la historia de nuestra fe: Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos, llenándolos de poder y revelándoles la verdad en toda su plenitud. Este momento marcó el inicio de la Iglesia, guiada por la presencia viva del Espíritu. En tiempos difíciles como los que vivimos, es más crucial que nunca reconocer los dones del Espíritu Santo y ponerlos en práctica. Sabemos que el mundo está lleno de desafíos, incertidumbre y pruebas, pero también sabemos que no caminamos solos. Dios nos ha dado el don del entendimiento, para discernir Su voluntad; el don de fortaleza, para no desfallecer en la adversidad; y el don de sabiduría, para actuar conforme a Su palabra.
La fidelidad a Dios no es solo una elección, sino un compromiso diario. Jesús nos enseñó que el camino de la fe no siempre será fácil, pero la recompensa es eterna. La perseverancia en la oración y la constancia en la palabra nos sostienen, nos renuevan y nos acercan cada día más al propósito divino.
Hoy te invito a que, como los discípulos en Pentecostés, te abras a la acción del Espíritu Santo. Deja que Él te llene, que transforme tu corazón y te impulse a seguir adelante con renovada fuerza. No permitamos que las dificultades nos aparten de nuestra comunión con Dios; más bien, que sean la oportunidad para reafirmar nuestra fe y nuestro amor por Él.
Que el Espíritu Santo avive su fuego en nosotros, que nos guíe con su luz y nos haga testigos fieles de su amor en este mundo necesitado.
En Cristo y con amor pastoral,

Excmo. Monseñor William Ariza

¡Que la paz de Dios sea con ustedes siempre!

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